DE CHAGAL A MÁLEVICH: EL ARTE EN REVOLUCIÓN


Fundación Mapfre, Recoletos 23. Madrid

Del  9 de febrero al 5 de mayo de 2019

Durante los primeros años de siglo XX, Rusia, todavía bajo el Imperio zarista, vivió un período de gran efervescencia política social y cultural. De este caldo de cultivo surgieron diversos artistas que revolucionaron las artes plásticas del mundo occidental en las décadas siguientes. Junto a Francia y Alemania, este país se consolida como uno de los ejes de las vanguardias artísticas que rompieron definitivamente con el pasado del arte. Numerosos creadores rusos viajaron a París y Berlín, donde se impregnaron de las renovadoras corrientes artísticas que se desarrollaban en ambas ciudades.

La exposición «De Chagall a Málevich: el arte en revolucion», reúne en la Fundación Mapfre del Paseo de Recoletos de Madrid, más de 90 obras y diversas publicaciones realizadas durante las tres primeras décadas del siglo pasado. Junto a la obra plástica se exhiben obras relacionadas con el mundo editorial y de diseño gráfico. Estos artistas, además, mantenían contacto con el mundo literario y cultural de la sociedad del momento.

La muestra se divide en ocho secciones, entre las que se encuentran el neoprimitivismo, el cubofuturismo, el suprematismo o el constructivismo, Los fondos proceden de instituciones como el Museo Estatal Ruso de Moscú, o la Galeria Tretiakov de la citada capital.

Dos artistas, Marc Chagall y Kázimir Málevich dan titulo a la muestra. Ambos representan dos tendencias, en principio opuestas. Chagall se acerca al surrealismo, mientras que Málevich es más rompedor, y tiende a la abstracción geométrica y al minimalismo. Destacan además Vassily Kandinsky, pintor esencial en la abstracción, o Aleksandr Rodchenko .Este último, fundador del constructivismo y artista polifacético.

Es notable la presencia de artistas femeninas. Las mujeres jugaron un importante papel en las vanguardias plásticas rusas antes y después de la Revolución de Octubre. un ejemplo de ello es la pintura «Arquitectura pictórica», obra clave de la abstracción cubista.

sPueden contemplarse también otras obras decisivas para la evolución artística de aquel período: «Nublado» (1917), de Vassily Kandinsky, «Cuadrado negro» (1923), de Kázimir Málevich, pintura icónica del suprematismo. En ella se aprecian las principales características de dicho movimiento: uso del blanco y negro y ausencia del color, y abandono de toda representación de la naturaleza. «Composición» (1928), de Aleksandr Rodchenko, es una obra propia del constructivismo. Se aprecia en ella la obsesión por los círculos. Rodchenko, junto a Várvara Stépanova, fueron uno de los artistas esenciales de este movimiento. El constructivismo (que también se aplicó en la arquitectura) supuso una ruptura con las concepciones plásticas tradicionales. No solamente se rompía con las formas académicas, se buscaba también una fusión con los materiales usados arquitectura e ingeniería, y se daba mucha importancia a la creación de espacios y volúmenes.

No deja de ser significativo en estas corrientes pláticas la profusión de figuras geométricas en la composición. Puede desprenderse de ello la búsqueda de nuevos lenguajes de expresión, para romper con toda forma de representación realista de la naturaleza y la realidad. No hay que olvidar que este era uno de los objetivos de las vanguardias artísticas del siglo XX.

Gran parte de estos artistas se comprometieron plenamente con la Revolución de Octubre de 1917, y el nuevo Estado que nació de ella. Compartían plenamente los postulados políticos y sociales de la misma. Su objetivo era una estética nueva para un nueva sociedad. No es casual que el límite cronológico de la exposición finaliza en los años treinta. En aquellos años, el Estado Soviético había evolucionado hacia un régimen totalitario. En 1932, Stalin había decretado la doctrina del «realismo socialista» como doctrina estética y artística oficial del Estado. De este modo, la libertad creativa que había emergido en los primeros años de la Revolución, fue definitivamente yugulada. 

En resumen, esta exposición supone un recorrido por una de las épocas más influyentes e interesantes en la evolución del arte moderno y contemporáneo. Y un viaje a un tiempo marcado por la experimentación, la utopía y el entusiasmo ante la llegada de un nuevo orden social. Una utopía que se frustró años más tarde, cuando las propuestas artísticas vanguardistas más libres se ahogaron en las frías aguas del «realismo socialista», . La exposición, además es un excelente pretexto para conocer la historia y la cultura de Rusia. El país euroasiático, después de una profunda crisis social y económica provocada por la desaparición de la Unión Soviética en 1991, ha renacido como potencia en el tablero internacional. Es un excelente motivo para conocer su historia y cultura a través de la obra de sus artistas. Desde el arte tradicional de los iconos, la temática campesina del neoprimitivismo,o el arte experimental y revolucionario de las vanguardias. 

Sergio Vallejo Fernández-Cela

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