Exposición 8M

La Artigua, el comprometido Centro de Arte del barrio de Tetuán, presenta, con motivo del día de la Mujer, una fascinante muestra del trabajo de MARÍA JATO ROMÁN  y ALICIA JUAN LOBATO, pertinaces investigadoras de las posibilidades que ofrece la fotografía en la no menos testaruda época de la reproductibilidad técnica, la misma de la que proféticamente escribía uno de los teóricos más importantes de la Estética, Walter Benjamin, y quien aportó la mejor síntesis sobre tan importante soporte iconográfico del último siglo y medio: la fotografía.

La misma que influyó decisivamente en el devenir del arte de vanguardia a principios del siglo XX, cansado de los estereotipos de la tradición clásica y realista, en ese momento en el que una cámara oscura podía captar isomórficamente la realidad tal y como la observamos. La mutua colaboración entre artistas plásticos y fotógrafos no se hizo esperar.

Tampoco las consecuencias, con pasmosa rapidez, de su lenguaje como médium de expresión legítimo: de pronto la pintura, en competencia leal, quiso alcanzar lo que el ojo no ve expresando paradójicamente la esencia en las cosas mal vistas. Y así lo manifestaron con genialidad los valientes impresionistas o los excéntricos simbolistas, que fueron los primeros en batallar contra la autoridad estética. Y la fotografía tuvo que abrir nuevas vetas de investigación para no ser un mero soporte sustituto del arte más realista. Tres buenos ejemplos de la mejor colaboración entre plástica y fotografía estarían en el origen mismo de la vanguardia: Marcel Duchamp, Man Ray o Max Ernst (las tres “M”), entre otros muchos con desigual recorrido y a lo largo y ancho de todo un siglo. No hay movimiento artístico, tras décadas de sondeo y descubrimiento, que no beba de las aportaciones de la fotografía como instrumento de representación. Desde el surrealismo al pop art, desde la abstracción a los múltiples del movimiento Fluxus.

Y como me recuerdan las fotografías de la Jato a los experimentos dadaístas de Man Ray, con sus solarizaciones y sobrexposiciones, o con sus rayografías prescindiendo de la mismísima cámara en un acto de rebeldía, entusiasmado por mezclar churras con merinas y buscando la verdad en la distorsión más audaz del objeto cotidiano. Esa revelación de Man Ray (o rebelación, que ya sé que es una aberración linguistica) por eliminar el vínculo que representa la cámara como herramienta en la descripción de la realidad me resulta tan deliciosamente conceptual como la que María Jato tiene con su cámara cuando le proporciona una realidad tan discutible como sus patológicas aberraciones, las que sufre en soledad con una inquieta percepción del mundo. Qué valor, el de esta fotógrafa madrileña, que ha encontrado en el soporte fotográfico tan extraordinaria reflexión sobre la distorsión como elemento creativo e interpretativo. Asombra, ante semejantes circunstancias, uno de sus trabajos más impactantes por el exquisito tratamiento de las imágenes: descubran sus “Consolaciones de la Filosofía”, un sentido homenaje al legado de las ideas de los pensadores contemporáneos más importantes.

María Jato Román

Pero la distorsión, que no renuncia a la verdad, sino que la remueve y regurgita, puede presentarse como cadáver exquisito en las metáforas del collage, ese que engrandecía la poética más surrealista y ofrecía dosis de misterio y diversión al mismo tiempo.  Lobatescu ha encontrado en el collage una greguería con la que disparar al observador y buscar su complicidad con el mismo entusiasmo terapéutico. Da gusto mover las cosas de sitio (que es lo que significa meta-phora –trasladar más allá- y lo que probablemente aclara el origen mismo de la sensibilidad estética al margen del controvertido protagonismo de la belleza como categoría) y encontrar relaciones allí donde antes no las había. Sorprende que este mecanismo de Lautreamont (el collage: el encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser en una mesa de disección) sea en Alicia Juan Lobato tan incisivamente crítico como otras de sus series más realistas (como las series “Cabezas” o Retratos” o la inquietante “Cerramos los martes”, sobre los espacios de poder en los prostíbulos).

Alicia Juan Lobato


En esta celebración por los derechos de la Mujer, resulta alentador comprobar el esfuerzo de nuestras artistas por expresar lo que una de las primeras fotógrafas de la historia, Berenice Abbott (1898-1991) explicaba con claridad el propósito de su trabajo: la fotografía ayuda a las personas a ver. ¿El modo de hacerlo?: El desafío para mí ha sido en primer lugar, ver las cosas como son, ya sea un retrato, una calle de ciudad, o una pelota. En una palabra, he tratado de ser objetiva. No me refiero a la objetividad de una máquina, sino a la de un ser humano sensible con su misterioso y personal criterio. El segundo reto ha sido el de imponer el orden en las cosas que veo, para proporcionar el contexto visual y el marco intelectual, lo que para mí es el arte de la fotografía. (Berenice Abbott).

Berenice Abbott por Man Ray

F. Carrasco

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *