Visitar el Museo del Prado

Recuerdo la primera vez que fui al Museo. Sería precioso decir que ese día descubrí el sentido de la vida, pero fue un infierno. Lo recuerdo agotador, todo el día deambulando de cuadro en cuadro  y de sala en sala, viendo lienzos de rancios colores apagados e historias que no conocía, y deteniéndome sólo cuando algún mayor me decía: «mira hija las meninas, esto es muy importante», «mira la fragua de Vulcano», «mira Rubens», y la verdad que a mí todo eso me daba igual.

Y es que así no se visita un museo. Visitar un museo no consiste en ir poniendo un «visto» a obras emblemáticas y hacernos un selfie con los «girasoles» de Van Gogh si encontramos al guardia distraído. Visitar un museo tampoco es ir de excursión viendo todas las obras como en una sucesión de fotogramas de una película, que además puede resultar muy inconexa si te saltas una sala. Esto sólo tiene sentido cuando visitamos un museo que no está en nuestra ciudad, hacemos turismo y queremos verlo todo, pero no cuando el museo se encuentra a media hora de casa.

En esta maravillosa sociedad de consumo, consumimos con una ansiedad frenética por la mera dinámica de consumir; y lo hacemos con el ocio y la cultura al mismo ritmo, pero aunque no vayamos a demonizar el consumo, démosle un sentido para poder disfrutarlo más allá de la satisfacción inmediata y ohhh qué pena, también efímera!

El primer paso antes de visitar un museo consiste en asumir que tenemos unas limitaciones, que aunque nos creamos muy listos no somos capaces de prestar atención durante mucho tiempo a cosas tan diferentes y mucho menos recordarlas. ¿Cuál es la solución? la de siempre, seleccionar y sintetizar. Y además ese trabajo lo tenemos ya hecho en infinidad de listas escritas por otros en internet. Si nos gusta el posturéo, sólo tenemos que visitar las «obras maestras», si nos interesa la historia del arte podemos centrarnos en un periodo de la historia y ver las obras que a él pertenezcan, si nos interesa un artista, contemplemos sus cuadros, si lo que nos gusta es un género en concreto como los bodegones, vayamos a ver a los exponentes del bodegón que tenemos en el museo (recomendación: Sanchez Cotán). Primemos la calidad a la cantidad, que estamos hablando de arte.

El siguiente paso sería contextualizar lo que vamos a ver, que a grandes rasgos se trata de ubicar las obras en un tiempo, en una zona geográfica, en un movimiento, en un género y en la trayectoria de un artista; 15 minutos en wikipedia a veces son suficientes para llevar a cabo esta labor que tiene como fin saber qué mirar y el porqué de su relevancia.

Repasemos como hacer una buena visita al museo:

  • Demos un sentido a nuestra visita
  • Hagamos una selección de obras
  • Contextualicemos el contenido.

Y en este punto ya estamos preparados para bajarnos en Neptuno, hacer la cola, e ir olvidando todo ese trabajo previo para intentar mirar con los ojos de un niño y dejarnos emocionar, evocar…en definitiva sentir, sentir qué es la obra para nosotros, entenderla en nuestro contexto. Y quizá te resuene, quizá no, quizá recuerdes algo de lo que has leído, quizá te resulte indiferente o quizá sufras el síndrome de Stendhal, pero lo que es seguro es que saldrás un poquito más sabio y menos cansado que después de haber visto 7.825 pinturas.

Y después de estos consejos aplicables a cualquier museo, hablemos del nuestro, del Museo del Prado. El edificio lo levantó Juan de Villanueva a principios del siglo XIX, y la ampliación del 2007 es obra de Moneo. Durante la Guerra Civil las piezas tuvieron que ser evacuadas de urgencia a Valencia y Ginebra, y su actual director es Miguel Zugaza, aunque estos datos no sirven para mucho si no conocemos la relevancia de la institución.

El Museo del Prado es una de las mayores pinacotecas del mundo. No sólo por el volumen de su colección sino también por la envergadura de sus obras, y es que su colección está muy ligada a la historia de España. España ha dado al mundo pintores de nombres universales (Velazquez, el Greco, Goya, Picasso, Dalí…) pero además en algún momento fuimos un Imperio que atrajo a muchos pintores  a pintar para nuestra corte (Rubens o Tiziano) y la Colección Real es precisamente la piedra angular de esta colección. Luego, con mucho tiento, se ha ido incrementando con donaciones o adquisiciones, para terminar de construir un recorrido muy representativo del devenir de la Historia del Arte occidental.

Visitar el museo nos va a situar delante de la historia, delante de las personalidades de los retratados y de la genialidad de los retratistas, nos ofrece un catálogo inmenso de técnicas y maneras de solventar cuestiones pictóricas, y mil conceptos más que están ahí encerrados en un cuerpo pictórico conservado a su vez en el Museo del Prado para el aprendizaje de la humanidad. Un espacio en el que la historia y el tiempo se amontonan y las baldosas aún vibran por los pasos de otras generaciones, celebridades o anónimos que lo han disfrutado. Y formar parte de esa historia puede ser muy bonito.

Obras que debes ver una vez en la vida:

  • Las hilanderas de Velazquez.
  • Las meninas de Velazquez.
  • El Cristo de Velazquez.
  • El jardín de las delicias de El Bosco.
  • Las pinturas negras de Goya.
  • La Anunciación de Fra Angelico
  • Adan y Eva de Durero
  • El descendimiento de la Cruz de Van der Weyden
  • Carlos V a caballo en la batalla de Mühlberg de Tiziano
  • El Lavatorio de Tintoretto
  • David y Goliat de Caravaggio
  • El caballero de la mano en el pecho de El Greco
  • Las tres gracias de Rubens
  • Agnus dei de Zurbaran
  • La Inmaculada de Murillo
  • Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya

¡Nos vemos en el Prado!

http://www.laartigua.com.es

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